La organización no gubernamental articula conocimiento basado en evidencia, trabajo comunitario y compromiso a largo plazo para promover prácticas alimentarias saludables, sostenibles y culturalmente adecuadas. Lo hace acompañando e impulsando procesos que se dan en los territorios y ponen en el centro a las personas.
Transformar los sistemas alimentarios requiere tiempo, evidencia y vínculos sostenidos con quienes habitan los territorios. Con esa convicción, la Fundación Alimentaris, una organización sin fines de lucro que busca potenciar el impacto de iniciativas sociales, económicas y ambientales, impulsa en Santiago del Estero un conjunto de iniciativas articuladas que enlazan saberes comunitarios y conocimiento técnico, con una mirada de largo plazo y foco en el bienestar colectivo.
Alimentaris, que trabaja en distintos puntos de Argentina, busca en la provincia santiagueña aportar mejoras a los sistemas alimentarios locales mediante sensibilización sobre la importancia de prácticas saludables y el fortalecimiento de actores claves en los barrios, como cocineros o cocineras, elaboradores y elaboradoras de alimentos. “El corazón de nuestro enfoque es el bienestar integral de las personas. Para ello buscamos formas distintas de hacer las cosas y apostar a lo prometedor”, explicó Karina Bentivoglio, presidenta de la Fundación.
Investigar como punto de partida
Enmarcada en la iniciativa SAS (Sistemas Alimentarios Sostenibles), el primer paso fue generar propuestas e ideas basadas en datos. Con este fin, Alimentaris generó una alianza con el Instituto de Estudios para el Desarrollo Social (INDES – CONICET/UNSE) y la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Santiago del Estero para relevar durante 2024 la estructura productiva de la provincia y las dinámicas familiares y patrón alimentario de un barrio en particular en la ciudad capital, el barrio General Paz.
“La alimentación es un derecho humano fundamental que por su complejidad requiere abordajes sistémicos y situados. Desde Alimentaris, trabajamos con esta mirada para promover el acceso a una alimentación saludable, sostenible y culturalmente adecuada.”, planteó Sol Laje, directora de Programas de Comunidad.
En Santiago del Estero, la Agricultura Familiar Campesina e Indígena tiene un rol estratégico: representa el 26% de la producción agrícola provincial y aporta el 85% del empleo sectorial. Organizaciones como Monte en Red, Abriendo Caminos o la Feria Progreso de la Agricultura Familiar reflejan la potencia de estas redes locales.
Hay otras características que hacen al entramado cultural de las prácticas alimentarias, que se evidenciaron en el estudio realizado en General Paz. Por ejemplo, la feminización de los cuidados y del hambre, la baja diversidad alimentaria, la fuerte presencia de ultraprocesados y una caída en el acceso a alimentos saludables. “Se tiende a la homogeneización de lo que comemos y por eso resulta fundamental recuperar la diversidad en nuestro plato”, señaló Ayelén Miyashiro, coordinadora de Proyectos en Alimentaris.
Sin embargo, hay esperanza y sobre esa hendija trabaja la Fundación: entre las personas encuestadas, la mayoría indicó preferir la comida casera, especialmente si fue hecha por seres queridos. Porque comer no es sólo -y nada menos- nutrirse sino encontrarse, celebrar y generar memorias compartidas. Aportar estrategias para mejorar la nutrición demanda, entonces “un abordaje integral y colectivo que atienda la multidimensionalidad de la alimentación”, entendió Laje.
De la evidencia a la acción
A partir de los hallazgos y de los intercambios con actores del territorio, la Fundación Alimentaris elaboró y está poniendo en marcha una estrategia articulada que aborda múltiples dimensiones del sistema alimentario local y que pone en el centro a las personas y sus prácticas cotidianas.
Entre las primeras acciones que planean llevar adelante en los próximos meses se destacan las campañas de sensibilización sobre el impacto del azúcar en la salud, construidas en diálogo con la comunidad. En paralelo, brindar charlas orientadas a la comunidad educativa y las familias.
La organización pone el foco en fortalecer las capacidades técnicas y el perfil nutricional de pequeñas unidades productoras de alimentos. Esta línea de trabajo apunta a mejorar el acceso a canales de comercialización formales y promover la utilización de ingredientes locales y las prácticas sostenibles. También se propone impulsar mejoras en cocinas comunitarias de comedores barriales, en articulación con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), para optimizar los procesos de elaboración, seguridad, eficiencia y valor nutricional de las recetas.
Uno de los principios rectores de Alimentaris es que las acciones deben ser culturalmente adecuadas. Es decir, partir de las prácticas, gustos y sentidos que las comunidades ya construyen en torno a la alimentación, y basarse en el concepto de “comensalidad ampliada”, una forma de entender que cada alimento tiene detrás una historia y una trama identitaria. “Escuchamos y trabajamos con referentes locales, escuelas, cocineras, productores. Son ellos quienes saben qué necesita su comunidad”, señaló Miyashiro.
La experiencia de Alimentaris en Santiago del Estero da cuenta de su forma particular de intervenir: con compromisos de largo plazo, iniciativas basadas en evidencia, alianzas estratégicas con actores del territorio y una búsqueda permanente de impacto significativo. Así, la Fundación busca actuar como facilitadora de procesos, y contribuir a la creación de condiciones que fortalezcan la autonomía y la calidad de vida de las comunidades.
Accedé a los informes: