Durante 2025, Fundación Alimentaris consolidó en Santiago del Estero un proceso territorial que buscó mejorar las prácticas de comensalidad y fortalecer la soberanía alimentaria local. El trabajo combinó investigación, análisis de datos y un diálogo continuo con las personas del territorio, lo que permitió comprender hábitos, rutinas y significados culturales vinculados a la comida, y acompañar transformaciones nacidas de la propia comunidad.

El proceso se apoyó en dos investigaciones realizadas junto a la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE): un relevamiento del mapa productivo provincial y un estudio sobre las dinámicas familiares y los patrones alimentarios del barrio General Paz. Esos insumos, junto con el intercambio con organizaciones, docentes, comedores y productores locales, orientaron la estrategia que el Plan de Acción Local (PAL), que entiende a la alimentación como un derecho humano y trabaja desde un enfoque de sistemas alimentarios sostenibles. 

La alimentación es mucho más que una necesidad biológica y una responsabilidad individual: es un derecho y una construcción colectiva”, explicó Sol Laje, directora de Programas de Comunidad de la Fundación. “Trabajar desde una perspectiva de sistemas alimentarios sostenibles nos invita a mirar más allá de nuestro plato y reconocer que detrás de cada alimento hay un sistema que involucra cómo se produce, quién lo produce, cómo se distribuye, se comparte y se come”, analizó.

A partir de ese enfoque, la organización desplegó iniciativas que articularon comunicación comunitaria, educación alimentaria, fortalecimiento a elaboradores y acompañamiento a comedores barriales. 

La primera de ellas fue “Con sabor y consciencia«, un proyecto que impulsó una campaña de sensibilización creada junto con vecinas y vecinos del Barrio General Paz. La campaña combinó charlas, piezas visuales y acciones en las calles y escuelas del barrio. La participación vecinal y la circulación espontánea de los contenidos mostraron que la conversación sobre alimentación, salud y cultura puede prender con fuerza cuando se piensa desde la realidad cotidiana de quienes viven allí. La iniciativa involucró a instituciones locales como la Escuela José Hernández, la Escuela Anunciata Cocchetti junto a la Fundación Casa de la Juventud, almacenes barriales, la UNSE, la UCSE, la Escuela de Cerámica, el Colegio Nuestra Señora de Loreto, y la Unidad Primaria de Atención. Además, la campaña fue distinguida con dos reconocimientos Oro en los  Premios Obrar Federal – 5ª edición, que destacan las mejores comunicaciones de bien público con impacto positivo, desarrolladas desde y para audiencias de todo el país, más allá del AMBA.

Otra línea de trabajo se centró en las escuelas. Con “Sembrando hábitos”, se elaboró un kit educativo que invita a niñas, niños y docentes a pensar el origen de los alimentos, su vínculo con el ambiente y las tradiciones locales, y los hábitos que se construyen dentro y fuera de la casa. El material, puesto a disposición de manera gratuita, llegó a dos instituciones y alcanzó a más de 900 estudiantes, acompañado por charlas abiertas destinadas a familias y educadores en las escuelas primarias Anunciata Cocchetti y José Hernández.

Mirar a quienes producen

El fortalecimiento a las unidades productivas que producen alimentos en pequeña escala también tuvo un rol clave. A través de la iniciativa “Impulso productor”, elaboradoras y elaboradores de la ciudad participaron de entrevistas técnicas, análisis físico-sensoriales y espacios de formación desarrollados junto al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Diez elaboradores participaron de la Clínica de Alimentos Saludables, Sostenibles y Culturalmente Adecuados, cada uno con 1 entrevista técnica en profundidad. Se analizaron 20 productos y se realizaron 6 encuentros virtuales de capacitación sobre documentación de procesos, alimentación saludable, etiquetado frontal, registro de productos y diseño.

Otro de los ejes fundamentales del trabajo de Fundación Alimentaris en Santiago del Estero este año fue el acompañamiento a comedores comunitarios. Con “Cocinas en acción”, más de 80 personas de 6 comedores que cocinan diariamente para sus barrios participaron de espacios de intercambio y asistencia técnica, donde se trabajó sobre prácticas seguras, sostenibles y culturalmente adecuadas. También se entregaron utensilios e ingredientes para facilitar la implementación de las mejoras trabajadas.

Para Laje, el sentido profundo de este trabajo aparece al pensar la comensalidad como un acto colectivo que excede lo nutricional. “En el área de Comunidad destacamos el rol de las personas como comensales más que como meros consumidores”, planteó. “Ese enfoque nos ayuda a asumir un rol activo en los sistemas alimentarios y a vincularnos con todo lo que hace posible esa comida: la tierra, las semillas, las manos que la cultivaron, quienes la cocinaron y los saberes transmitidos para llevarla a nuestra mesa. Al compartir alimentos, también construimos vínculos, comunidad y conciencia sobre nuestro sistema alimentario”.

La experiencia en Santiago del Estero confirma que la articulación entre datos, saberes locales y participación comunitaria puede generar transformaciones significativas y sostenibles. Estos cambios fortalecen la autonomía de las personas y amplían el ejercicio pleno del derecho a una alimentación soberana, saludable y culturalmente adecuada.